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Las alucinaciones de la IA

La Inteligencia artificial es sorprendente y ya «todos» la usamos a diario. Estamos en el punto de que usamos la inteligencia artificial para resolver cualquier duda, incluso del sector inmobiliario, sobre la compra, la venta o el alquiler de una propiedad. Y lo entiendo perfectamente. Son herramientas accesibles, rápidas, que responden con una seguridad pasmosa y en un lenguaje que parece el de un profesional. Pero no siempre dicen la verdad; de hecho, cuando no sabe la respuesta debe discernir entre decir que no la sabe o inventarla completamente.

En el mundo tecnológico tienen un nombre para esto. Lo llaman alucinaciones. Una alucinación, en el contexto de la inteligencia artificial, es cuando el sistema genera una respuesta que suena coherente y bien construida pero que es falsa o directamente inventada. No es un error como el que comete un humano que se equivoca. Es algo más inquietante: la máquina no sabe que se está equivocando. No duda. No advierte. Simplemente responde con la misma convicción con la que respondería si tuviera razón. Puede conocer más acerca de esto en este enlace https://aimultiple.com/es/ai-hallucination.

Y no, no pasa solo con preguntas muy complejas. Las alucinaciones aparecen también en cosas que parecen sencillas. Puedes hacer una pregunta sencilla sobre cualquier materia y la herramienta te responde con detalle, con nombre, incluso con referencias que parecen reales, con un sí o un no rotundo. Excepto que esa referencia puede haber cambiado, puede no aplicarse a lo que estamos tratando, o puede que directamente la referencia que cita no exista. Y no estoy hablando de algo hipotético. El pasado 13 de febrero de 2026 el TSJ de Canarias multó a un abogado por citar hasta 48 sentencias falsas sugeridas por una herramienta de inteligencia artificial. Un profesional del derecho, con formación y experiencia, presentó ante un tribunal casi medio centenar de referencias jurídicas que sencillamente no existían. La IA las había generado con toda la apariencia de ser reales. Imagínese ahora qué puede pasar cuando quien consulta no es un abogado sino alguien que simplemente quiere saber si puede alquilar su piso con ciertas condiciones, o algo más serio, algo sobre un medicamento, o simplemente saber qué mes del año en diciembre contiene la x. Sí, sí, la x, mira este video https://www.tiktok.com/@larrysitooo/video/7628071496987987221

Lo que me preocupa no es solo que la IA cometa errores. Me preocupa el usuario que consulta estas herramientas para tomar decisiones inmobiliarias. No es un especialista que va a contrastar la información. Es una persona que está a punto de firmar la operación económica más importante de su vida y que necesita respuestas claras. Y las respuestas claras las obtiene. Aunque puedan ser erróneas.

Da igual la cuestión relacionada con el sector inmobiliario que se desee conocer: de leyes, de obligaciones, de tributación, del mercado, para conflictos en la comunidad, o sobre comercialización; el riesgo es real.

Hay algo que me parece fundamental entender sobre cómo funcionan estas herramientas. La inteligencia artificial no razona como razona un profesional con experiencia. Un buen asesor inmobiliario, antes de dar una opinión, sabe qué preguntas tiene que hacer, qué cosas tiene que conocer y además tiene un almacén de experiencias. Sabe que antes de hablar de precio necesita conocer realmente todas las circunstancias del inmueble. Sabe que antes de recomendar una compra necesita entender la situación financiera del comprador. Sabe cuándo la cuestión está fuera de sus límites de conocimiento y sabe anteponer la duda a la respuesta. Y por supuesto tiene acceso a profesionales en cada materia: un abogado, un arquitecto, un tasador, un reparador, etc. Y sobre todo sabe encaminar en cada caso la cuestión. Y muy importante: conoce a la persona a la que debe asesorar. Porque ha tenido conversaciones con él, porque entiende sus circunstancias personales, sus plazos, sus miedos, sus expectativas reales. Esa relación no es un detalle accesorio del trabajo de un asesor inmobiliario: es precisamente lo que le permite hacer bien su trabajo. La IA no sabe lo que no sabe. No formula las preguntas previas porque no sabe que tiene que formularlas, y desde luego no tiene ninguna relación con la persona que tiene delante. Responde directamente a lo que se le pregunta, que muchas veces no es exactamente lo que el usuario necesita saber.

Dicho esto, sería injusto no reconocer que estas herramientas tienen utilidades reales. Sirven para orientarse, para entender conceptos generales, para preparar una lista de dudas antes de reunirse con un profesional. El problema no es la herramienta en sí misma. El problema es el uso que se hace de ella cuando sustituye al criterio profesional en lugar de complementarlo. Y ese uso es cada vez más frecuente en todos los ámbitos.

Lo que le recomendaría a cualquier persona que esté en un proceso de compra, venta o alquiler es que trate la información que obtiene de la inteligencia artificial exactamente igual que trataría la información que le da un conocido sin formación específica en el tema: como un punto de partida para preguntar, nunca como una respuesta definitiva para actuar. Sobre todo, valore los riesgos reales.

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